mie 5a. Sem cuaresma (Id=240)
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Tú me libras, Señor, de la ira de mis enemigos, me haces triunfar sobre mis
adversarios y me salvas del hombre malvado.
Liberátor meus de géntibus
iracúndis, Ab insurgéntibus in me axaltábis me,
a viro iníquo arípies me,
Dómine. Sal 17, 48-49
Oremos:
Ilumina Señor, el corazón de tus hijos purificado por las penitencias
cuaresmales; y concédenos
manifestar en nuestra vida el deseo de servirte que nos has inspirado.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Dios mandó a su ángel para liberar a sus siervos
Lectura del libro del profeta Daniel
3, 14-20. 49-50. 91-92. 95
En aquellos días dijo el rey Nabucodonosor:
"¿Es cierto, Sidrak, Misak
y Abdenagó, que no veneran a mis dioses ni adoran la
estatua de oro que he mandado fabricar? ¿Están o no dispuestos, en cuanto oigan
el sonido de la trompeta, de la mandolina, de la
flauta, de la cítara, del arpa, de la lira, y demás instrumentos musicales, a
postrarse y adorar la estatua que he mandado fabricar? Si no la adoran, serán
arrojados inmediatamente a un horno de fuego ardiente, y ¿qué dios podrá
librarlos de mi poder?"
Respondieron Sidrak, Misak
y Abdenagó a Nabucodonosor,
diciendo:
"Oh rey, no tenemos necesidad de responderte
sobre este asunto. Si nuestro Dios, a quien damos culto, puede librarnos del
horno de fuego ardiente y de tu poder, nos librará. Y aunque no lo hiciera,
debes saber, oh rey, que no serviremos a tu dios ni
nos postraremos ante la estatua de oro que has mandado fabricar".
Entonces Nabucodonosor, lleno de ira y visiblemente
enfurecido contra Sidrak, Misak
y Abdenagó, mandó que se encendiera el horno con una
intensidad siete veces mayor de la acostumbrada, y ordenó a algunos de los
hombres más vigorosos de su ejército que ataran a Sidrak,
Misak y Abdenagó y los
arrojaran al horno de fuego ardiente.
Pero el ángel del Señor bajó al horno junto a Azarías
y sus compañeros, lanzó las llamas fuera del horno e hizo que en el horno
soplara un viento fresco, de manera que el fuego no les causó daño ni molestia
alguna; ni siquiera los tocó.
Entonces el rey Nabucodonosor se quedó totalmente
sorprendido; se levantó de inmediato y dijo a sus ministros:
"¿No arrojamos nosotros al fuego a estos tres hombres bien atados?"
Ellos contestaron:
"Sí, oh rey".
El rey replicó:
"Pues yo veo cuatro hombres desatados que caminan en medio del fuego, sin
sufrir daño, y el cuarto tiene el aspecto de un dios".
Nabucodonosor los hizo salir del horno y exclamó:
"Bendito sea el Dios de Sidrak, Misak y Abdenagó, que ha mandado a
su ángel y ha salvado a sus siervos. Pusieron su confianza en él y,
desobedeciendo la orden del rey, prefirieron arriesgar su vida antes de servir
y adorar a otro dios fuera del suyo".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Dn 3, 52.53-54.55-56
Bendito seas, Señor, para siempre.
Et laudábile et superexaltátum in ómnibus saéculis.
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros antepasados, a ti gloria y alabanza por
siempre. Bendito sea tu nombre santo y glorioso, a él gloria y alabanza por
siempre.
Bendito seas, Señor, para siempre.
Et laudábile et superexaltátum in ómnibus saéculis.
Bendito seas en el templo de tu santa gloria, a ti gloria y alabanza por
siempre. Bendito seas en tu trono de rey, a ti gloria y alabanza por siempre.
Bendito seas, Señor, para siempre.
Et laudábile et superexaltátum in ómnibus saéculis.
Bendito tú que penetras los abismos y estás sentado sobre querubines, a ti
gloria y alabanza por siempre. Bendito seas en el firmamento del cielo,
glorificado por siempre con cánticos.
Bendito seas, Señor, para siempre.
Et laudábile et superexaltátum in ómnibus saéculis.
Aclamación antes del Evangelio
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y
perseveran hasta dar fruto.
Beáti qui in corde
bono et óptimo verbum Dei rétinent, et fructum áfferunt in patiéntia. Lc 8, 15
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
8, 31-42
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos que
habían creído en él:
"Si permanecen fieles a mi palabra, ustedes serán verdaderamente mis
discípulos; así conocerán la verdad y la verdad los hará libres".
Ellos le respondieron:
"Somos descendientes de Abrahán; nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Qué
significa eso de que seremos libres?"
Jesús les contestó:
"Yo les aseguro que todo el que comete pecado es esclavo del pecado. Pero
el esclavo no permanece para siempre en la casa, mientras que el hijo sí. Por
eso, si el Hijo les da la libertad, serán verdaderamente libres. Ya sé que son
descendientes de Abrahán. Sin embargo, quieren matarme, porque no aceptan mi
enseñanza. Yo hablo de lo que he visto hacer a mi Padre; sus acciones, en
cambio, ponen de manifiesto lo que han oído a su padre".
Ellos le dijeron:
"Nuestro padre es Abrahán".
Jesús contestó:
"Si fueran de verdad hijos de Abrahán, harían lo que él hizo. Ustedes
quieren matarme a mí, que les he dicho la verdad que aprendí de Dios mismo.
Abrahán no hizo nada semejante. Ustedes hacen las obras de su padre".
Le respondieron:
"Nosotros no somos hijos ilegítimos. Dios es nuestro único padre".
Jesús les dijo entonces:
"Si Dios fuera su Padre, me amarían, porque yo salí de Dios y he venido de
parte suya. No he venido por mi propia cuenta, sino que Dios me envió".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta, Señor, estos dones que tú has querido que
te ofrezcamos para alabanza tuya y salvación nuestra.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La fuerza de la cruz
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber
y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Porque en la pasión salvadora de tu Hijo diste a los hombres una nueva
comprensión de tu majestad y una nueva manera de alabarla, al poner de
manifiesto, por la eficacia inefable de la cruz, el poder del Crucificado y el
juicio que del mundo has hecho.
Por eso,
ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y los santos
diciendo:
[Misa]
Dios nos ha trasladado al Reino de su
Hijo amado, por cuya Sangre hemos recibido la redención y el perdón de los
pecados.
Tránstulit nos Deus in regnum Fílii dilectiónis
suae, in quo habémus redemptiónem per sánguinem eius, remissiónem peccatórum. Col 1,
13-14
Oración después de la Comunión
Oremos:
Concédenos, Señor, que el sacramento que hemos recibido nos purifique de todos
nuestros vicios y nos confirme para siempre en tu amistad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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